Son las tres de la tarde de un día de verano caluroso, de esos que sudas hasta en la foto del pasaporte. Estoy tirado en el sofá, mirando al techo y con en el mando de la televisión en la mano, empiezo a cambiar de canal en canal, por desgracia algo instintivo, ni siquiera sé lo que estoy viendo. Una mosca se atreve a alterar la presión que ejerce mi dedo índice sobre los botones del mando, hago un movimiento brusco para poder capturar la mosca, pero en el intento lo único que consigo he despertarme de mi ausencia, giro la cabeza y ¡Oh, Dios mío!.

Son las 5 de la tarde, acabo de perder dos horas de mi vida, dos horas que ya nunca más volveré a recuperar, es como si la muerte me hubiera visitado temporalmente haciéndole un guiño a mi viva muerte.

Seguro que a muchos de vosotros os ha pasado esto alguna vez, espero y deseo que sea la última vez, ya que todos estamos en esta vida de prestado. Tenemos que aprovechar todo el tiempo que nos han regalado y no despreciarlo, porque la vida es como un cigarro, o te lo fumas o se consume entre tus dedos. Desde ahora en adelante, antes muerto que perder la vida.

Argia.